Sobre Drogas y Políticos

La mentalidad histórica contemporánea incita, gracias a las lógicas prohibicionistas que se impusieron globalmente desde los EEUU en los años 60´s, a entender el “consumo de drogas” desde la moral, es decir, desde lo socialmente aceptado o rechazado según la cultura hegemónica del momento histórico. Lanzar ideas como “los políticos no deben consumir drogas” para la -galería- genera apoyo, mucho apoyo, pues si entendemos el consumo de drogas desde una moral irreflexiva, conservadora y desinformada, todos nos opondremos, sin lugar a dudas, “a lo que hace mal”. Pero ojo, si no analizamos esto con detalle, con una reflexión profunda y humanista, jamás superaremos la dificultad que genera el consumo problemático de sustancias que se relaciona con las condiciones de vida de los sujetos que manifiestan un apego psicológico, físico o combinado a una o varias sustancias (y hasta hábitos).

Para comenzar me gustaría definir dos miradas sobre el consumo de sustancias, la responsable y la problemática. Esto porque no todos los consumidores de drogas generan adicciones patológicas. No todos los que beben alcohol son alcohólicos como no todos los que consumen cocaína son cocainómanos. Cada sujeto se relaciona de manera diferente con las sustancias (o hábitos de placer, como la nueva adicción a las redes sociales, la ciberadicción) y por ello, generalizar “el consumo de drogas” de por sí ya es una error metodológico en el análisis. Es importante entonces destacar como asunto a resolver el <<consumo problemático de sustancias>>, que se define como una enfermedad (nada tiene que ver la moral acá) que interfiere en la vida social, laboral o sanitaria del individuo, afectando su calidad de vida y el control que tiene sobre la misma.

El concepto de droga en medicina abarca a toda sustancia que genere una alteración en la química del cerebro, modificando con ello la percepción y/o la conducta de una persona. Además, muchas de estas sustancia pueden generar fuertes dependencias físicas, es decir, la fisiología del sujeto modula la conducta para favorecer el consumo de la droga dado que existe un proceso químico interno que depende de su presencia para alcanzar una percepción de “bienestar”. Drogas altamente adictivas son el alcohol y el tabaco, siendo esta última la que más vidas cobra en todo el mundo, y la primera, el -trago-, es una de las sustancias que se relacionan directamente con conductas dañinas tanto para la persona como para terceros, ya sea en accidentes laborales, de tránsito o violencia, sumando además que su uso crónico acarrea serios problemas de salud para quien lo consume. Otra de las sustancias de las cuales más se abusa sin control médico, son las benzodiacepinas, popularmente llamadas “antidepresivos”, los cuales alteran poderosamente la conducta y el autocontrol psíquico de las personas además de aletargarles el cuerpo lo que les impide, en el papel, el poder manejar vehículos o maquinaria, por ejemplo. Cabe poner un dato en este último punto que nos servirá para el desarrollo de esta opinión, Chile es uno de los países con mayor consumo de antidepresivos del mundo ¿Por qué? ¿Nacen más personas con desequilibrio químico en esta parte del mundo que en otras o será que las condiciones de vida de los chilenos favorece el abuso de sustancias? ¿Dónde ponemos el debate, en la droga o en el medio?

el ser humano se hace adicto a todo lo que le causa placer

¿El consumo problemático de drogas es un asunto de la sustancia, del individuo o ambas? Para responder esta pregunta se debe primero aclarar cuestiones epistemológicas sobre las adicciones. El biólogo y pensador, Humberto Maturana, expone que “el ser humano se hace adicto a todo lo que le causa placer”. La OMS expone en su informe Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas (2004) que “la dependencia de sustancias es multifactorial: está determinada por factores biológicos y genéticos, en los cuales los caracteres hereditarios pueden desempeñar un papel importante, y por factores sicosociales, culturales y ambientales”. Es claro entonces que el consumo problemático de sustancias tiene que ver con la vida del individuo, su contexto e historia personal, además de su biología y estado sicológico/emotivo. Por eso es que urge, cuando hablamos de consumo de drogas, el no caer en los fetiches tradicionales de relacionar las (algunas) drogas con una conducta moral inadecuada o con alguna incapacidad para entender y ejecutar decisiones de carácter público/político. Para ponerle más elementos al debate, debemos analizar además a la adicción psicológica, que es causada por los efectos placenteros de sustancias o hábitos que hacen que una persona quiera volver a experimentarlos. La adicción que se genera con la marihuana por ejemplo, es la misma que se desarrolla en los casinos de juegos, es psicológica/emocional. Por lo cual, se debe comprender que tal problema no se desarrolla por lo que entra al cuerpo, sino por la necesidad del individuo de buscar placer (y luego apego) a ciertos momentos que generan un bienestar que no se consigue en un estado “normal”. Es la disposición previa sicológica de la persona la que gatilla una ludopatía (adicción al juego) o un consumo crónico y problemático de cannabis. Por todo lo anterior es que debemos evitar, para ser responsables, de hablar de las drogas desde una mirada moral, sino más bien es un asunto que debe invitarse a resolver desde lo sanitario y político, porque si no, jamás resolveremos el problema humano-político que está detrás de una problemática que malamente ha sido tratada como un asunto policial y moral, principalmente por las externalidades negativas que genera el prohibicionismo (narcotráfico y cifras negras de consumo) y la “guerra contra las drogas” desde el presidente Nixon de los EEUU a la fecha.

Para cerrar, el solicitar exámenes de consumo de drogas a los políticos para evaluar sus capacidades, lucidez y control sobre su desempeño público no tiene sentido práctico real, porque el que haya consumo no significa enfermedad o discapacidad a priori, y menos, poca altura ética para ejercer un cargo público, dado que, de haber una adicción, ésta es una enfermedad sobre la cual poco control se tiene sin un apoyo multidiciplinario y social.  El consumo de sustancias se relaciona más con las necesidades personales psicológicas/emocionales y hasta espirituales de los sujetos, y no en todos los casos se desarrolla un consumo problemático que afecte el control que se tiene sobre la vida propia. Las adicciones pueden ser tanto físicas como mentales, y ello demuestra que más que la sustancia, es la disposición biológica y emotiva la que gatilla un apego patológico a un compuesto químico como a un hábito placentero. La evaluación de una persona por si usa o no sustancias psicoactivas tiene que hacerse desde el punto de vista sanitario, si es que la preocupación que se tiene es su bienestar tanto personal como del ambiente que le rodea, porque desde una perspectiva moral, no se logra más que generalizar comportamientos en un idea falaz binaria de <<bueno>> o <<malo>>, reduciendo al ser humano a un absoluto que no es. Por último, de haber algún político o candidato que tenga un consumo problemático de drogas (cuestión que no se puede saber en un test de drogas que sólo señala si se consume o no) éste debe ser atendido por su salud y bienestar, dado que, el castigo social por caer en este problema poco y nada ayuda a que la persona afectada supere su situación de dependencia, y sólo sería entendible tal despropósito si lo que se busca en conseguir la condescendencia de la masa social.

Francisco Córdova Echeverría10 Posts

Cirujano dentista, magíster en dirección y liderazgo para la gestión educativa y vicepresidente de programa y contenido del partido político en formación País

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