El Confort

Como la mayoría de las palabras interpretadas por nosotros los chilenos, esta tiene una doble acepción. Una cosa ambigua, entendible solo en nuestro país. Una de ellas está relacionada con la comodidad, con la mínima utilización de esfuerzo, es decir, uso de energía que, sumado a un desplazamiento se llama trabajo. Y la segunda, con el papel higiénico utilizado en la limpieza corporal humana, limpieza del desecho que de seguro nos sentimos más avergonzados.

Aún más, recientemente se ha sumado una tercera relación con el confort. Un escándalo de colusión empresarial del cual nuestra ciudadanía se ha visto perjudicada por años. Es decir, tuvimos que pagar sumas extras a estos empresarios coludidos para poder mantener una adecuada higiene de nuestros cuerpos.

Pero, las nuevas tendencias mundiales han demostrado que cuando algo no cumple bien su función, o esta es notoriamente mejorable, nacen nuevos emprendimientos. Ejemplos como Uber dando un mejor servicio que los taxis y más barato, Spotify, Netflix y miles de otros sobran.

¿Y en Concepción? ¿Y en Chile?

Si tenemos una ciudadanía claramente muy molesta con casi todo el sistema, ¿por qué es que no somos capaces de plantear nuestras soluciones a través de emprendimientos y escalarlos a nivel mundial?

Como dato, puedo mencionar que en Chile se “gasta” solo un 0,4% en investigación y desarrollo, el país con peor índice de la OCDE. Corea, el mayor, “invierte” un 4,3%. Es decir, nuestro Estado no está dispuesto a que dejemos de vender a nivel mundial nuestros cerros, árboles y peces en poder de solo unos pocos.

Corea nos provee de autos, televisores entre otros productos que requieren de un altísimo movimiento neuronal para ser producidos y nosotros, claro, con nuestra parsimonia, les enviamos cobre y madera casi en bruto, cuyas ventas se cuentan en miles de millones de dólares anuales y uno que otro container de cochayuyo con un relativo escaso proceso extra. Es decir, nos mantenemos en esa comodidad que nos da el hacer más de lo mismo, sin movernos de donde estamos.

Pero, nos vanagloriamos de estar en la categoría de que estamos innovando (por el cochayuyo con valor agregado) y que tenemos relaciones comerciales bilaterales con este gigante asiático. La misma historia podemos contar con otros países.

La realidad es que en Concepción y en Chile en general, tratamos a quienes “fracasan” como uno de los residuos más vergonzosos de nuestra sociedad, exhibiéndolos urbi et orbe en listas negras. Nuestra cultura le hace bullying al que fracasa y al que lo está intentando, no es digno de casarse con nuestras hijas, por no ser económicamente estable y estar bastante loco. Seguimos pensando que es mejor trabajar para una gran empresa; a no ser que “triunfen”, obvio. Pero en ese último escenario, estamos hablando después que la guagua nació.

Somos cómplices pasivos de nuestro letargo. A lo mejor no somos los que hacemos directamente el bullying, pero si, somos los espectadores que nos reímos de lo que está sucediendo.

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Jorge A. Díaz Monsalves MBA, Ingeniero Civil Industrial. Consultor de innovación y emprendimiento. Consultora Clustering Limitada.

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