No es de extrañar que la sociedad civil se haya alejado de los partidos y de la política en general. Vimos que la “transición” dejó malos hábitos como las imágenes de la labor política, cuestiones incorrectas que algunos justifican como “necesarias” para sobrevivir en el medio, mientras que otros las asumimos como elementos a ser erradicados.

Uno de estos malos hábitos es la generación del CLIENTE POLÍTICO, fenómeno que se produce cuando el político obtiene apoyo ciudadano a través de una gestión-favor, donde se hace un trueque tácito de “quién solucione mi problema, tiene mi voto”.

Como en todo hay matices, claramente una correcta gestión de fiscalización y de control de las leyes y normas dentro del aparato estatal, llevada a cabo por un o una congresista, generará positivos resultados para el distrito, pues cuando la virtud vence, todos ganamos. Pero existen situaciones en donde es el contacto al interior de la maquinaria pública (el contacto amigo) y/o el poder económico (regalos, donaciones, entre otras) que, sin atacar el problema de fondo, administra una problemática ajena como causa propia, haciendo que la solución no pase por el aprendizaje ni por un proceso de autonomía del pueblo, sino que exclusivamente el proceso de gestión de la lucha social depende de la influencia parlamentaria, pues éste dispone tanto de los medios humanos (abogados, profesionales del tema, etc) como económicos (dinero para viajes para papelería y lienzos, etc) para subvencionar la movilización social, haciéndose indispensable para quienes han pedido ayuda. De ahí que uno observe en terreno que mucho del apoyo poblacional a políticos (del sector que sean), pasa por “el diputado nos ayudó a pavimentar la calle”, “el alcalde nos colocó la cancha”, “la senadora se puso con los pasajes”, “el concejal se puso con el premio más grande para nuestro bingo”, pero esta misma gente no tiene idea ni le ha interesado si el político en cuestión es un tipo corrupto o no, si trabaja para el bien común o si trabaja para privados ya sea porque le pagaron la campaña o por sentido de pertenencia de clases (uno tiende a ayudar a los que se parecen a uno).

No toda la responsabilidad cae en el político, también parte del problema del <<clientelismo>> es una relación de NEGOCIACIÓN de votos y de apoyo de la comunidad (al político o partido x) que ofrecen dirigentes que entienden a sus representados como ficha de cambio, como seres inertes e inconscientes o rebaño ciego que sin capacidad propia de discernimiento “Si me soluciona este problema, cuente con toda MI gente” se escucha con asiduidad. Uno mismo ha experimentado eso cuando los dirigentes cierran las puertas a cualquier otro político que desee involucrarse en una lucha social territorial, pues el -negocio ya está cerrado con otro- y por ende interrumpir que la ciudadanía acceda a más información o a otras miradas, es parte del deber del -trato-. “No señor, no le podemos recibir porque el señor Ortiz nos puso la sede…” así me han respondido muchos dirigentes sociales durante las campañas. “Acá la señora Van Rysselberghe se pone todos los años con los dulces y la música para el día del niño, si usted no tiene nada que ofrecer, entonces no tenemos mucho de qué hablar”, por otro lado; Es por ello que esta relación clientelar genera un vínculo CORRUPTO entre un dirigente y un político que censuran mediante viejas artimañas, la diversidad democrática y otras tantas veces una rápida solución al problema.

No es de extrañar entonces que los apellidos en la política nacional, hasta el momento, han sido una forma de heredar el poder, ya no ganado por un proceso de lucha social histórica de la persona y menos por sus competencias intelectuales y/o humanas, sino porque es una franquicia de favores y de poder que, de la mano del desconocimiento y de la corrupción de dirigentes mecías, permite que un sector del pueblo se mantenga en la ignorancia, y la ignorancia no es menos que las cadenas de la emancipación política y de la digna libertad de auto decidir.

Es por ello que algunos proclamamos el fin del clientelismo como parte de la erradicación de los vicios de la política actual, porque ello no es otra cosa que abusar del desconocimiento y de la inocencia que ésta genera en las personas con menor educación y redes de contacto. Hay quienes no sienten asco por entender al menos preparado y/o al necesitado como un objeto para extraer una especie de PLUSVALÍA ELECTORAL, cuestión que para mí y para muchos es en esencial un proceso de horadación y de corrosión de nuestra democracia.

Francisco Córdova Echeverria
Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión en Educación
Cirujano Dentista

Francisco Córdova Echeverría9 Posts

Cirujano dentista, magíster en dirección y liderazgo para la gestión educativa y vicepresidente de programa y contenido del partido político en formación País

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